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Mi iniciación en el minimalismo

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22 agosto, 2019

MI INICIACIÓN EN EL MINIMALISMO

Y OTRAS 4 FORMAS DE COMENZAR

No soy claustrofóbico, pero creo que a cualquiera (cualquiera en condiciones normales, desde luego) le asfixia verse rodeado, por ejemplo, de cosas. Precisamente me descubrí rodeado de cosas unas pocas semanas antes de emprender un viaje decisivo en mi vida. Se trataba de un viaje casi sin retorno. Digamos que estaba abandonando el sedentarismo para convertirme en nómada, por lo de no reservarme del mundo sólo un lugar tranquilo (un consejo de Benedetti). Esa es otra historia. Lo que viene al caso es que la biblioteca, por ejemplo, no me cabía en la maleta. Podía resolver el asunto de forma digital pero, cuando tienes tanto tiempo trabajando duro para conseguir el físico de una biblioteca como aquella, lo digital es una opción que entristece. Como que todo lo anterior no tuvo sentido, pensaba. Quizá había algo de verdad en ello.

Pero la montaña de libros no era la única cosa que se me estaba quedando fuera de la maleta. El asunto era más complicado de lo que parecía. No obstante, recordé que entre mis amigos teníamos un dicho que nos había sacado de ciertos problemas cuando de un momento a otro nos hallamos enfrentando situaciones relativamente complejas, difíciles de solucionar. Lo que solíamos decir era: SI SE COMPLICA, SIMPLIFÍCALO. Y ¡voilá! Frente a mí el minimalismo. El trabajo ahora era identificar lo esencial y deshacerme de todo lo restante. Nada más simple que el estilo de vida minimalista, pero (si somos honestos) nada más difícil de conseguir que eso, por lo que quienes tienen años de experiencia en el tema suelen recomendar comienzos nada agresivos, nada de brusquedades. Sin embargo, yo no tenía el tiempo para sutilezas de ese tipo. En escasas semanas yo debía ponerme en movimiento y empezar la ruta CON MI FAMILIA. Así que decidí hacerlo a mi manera.

ASÍ LO HICE YO

Coloqué una maleta en un sitio abierto (cómodo) del departamento, preparé el cronómetro y lo puse a andar. El objetivo era arrojar en la maleta durante 15 minutos la cantidad de cosas que se me ocurrieran indispensables (esenciales) para el largo viaje que emprendería. Lo que quedara por fuera no solo no me acompañaría sino que dejaría de considerarlo como propio, de modo que quedaría a disposición para ser vendido, regalado o desechado para siempre. Para mi sorpresa, ya no encontraba qué arrojar pasados los primeros 8 minutos. Supongo que tenía las cosas claras. También supongo que así somos los hombres (prácticos, pragmáticos). Luego conté todo lo que había seleccionado y sumé un total de 27 cosas (que, desde luego, no incluían dispositivos electrónicos ni productos de higiene personal). De mi parte, todo estaba hecho y me sentía satisfecho al respecto. Faltaba ahora la maleta de mi esposa. Pero esa es otra historia. Lo preciso es eso justamente: que la mía no es la única historia en la web sobre alguien que se aventuró a vivir una vida minimalista. Por lo que a continuación quiero dejarte algunas otras maneras de empezar tu propio camino hacia una vida más efectiva, más enfocada y menos llena de cosas que atender.  

UN POCO CADA DÍA (El reto del 3 X 30)

Algunos blogger con experiencia recomiendan empezar por el reto del 3 X 30, que consiste en deshacerse de 3 cosas por cada día durante un mes (30 días). Es una manera ligera de empezar a desocupar espacios, gavetas, armarios, estantes, etc. Si cumples con el reto, al final del mes habrás salido de al menos unas 90 cosas (por lo mínimo, si es que no te animas a hacer del reto un 5 X 30).

LA CAJA DE LA PRUEBA

Leí de algún blogger que recomendaba poner una caja (no tiene que ser tan grande) en cada segmento de la casa, es decir, una en cada habitación, una en el recibidor, una en la cocina, etc. Luego te pasearías por cada uno de ellos para colocar en la caja de la respectiva pieza todos aquellos objetos que no eran indispensables ni necesarios al momento. Al finalizar la tarea, cerrarías las cajas y las conservarías durante un mes. Si al cabo del tiempo previsto, ninguna de las cosas fue requerida ni echada de menos, estas pasarían a desecharse (a venderse o a regalarse). Si, por el contrario, al cabo del tiempo previsto, algo de lo que había entrado en la caja era requerido o era echado de menos, entonces el objeto en cuestión salía de la caja. Lo que se quedara dentro sería desechado. Nada complicado, pero requiere de tiempo.

UN POCO MÁS CADA DIA (Desafío 465)

Otro de los retos con los que se sienten desafiados muchos de quienes empiezan a interesarse en el minimalismo es el desafío 465, que aplica durante 30 días. La tarea es deshacerse de 1 objeto el 1er día, de 2 0bjetos el 2do día, de 3 objetos el 3er día, y así sucesivamente, hasta que termines por deshacerte de 30 objetos el día número 30. El asunto se pone más interesante si encuentras a alguien dispuesto a hacerle cara al desafío junto contigo a lo largo de los 30 días. Si en algún punto alguno se niega a continuar o no cumple a cabalidad con lo establecido pierde, y si acuerdan una penitencia para el perdedor, le añadirás algo diferente al reto. Si ambos llegan al final del duelo, habrán logrado deshacerse de 465 cosas cada uno. Es un reto un tanto agresivo pero de seguro te divertirás haciéndolo, aparte de que tendrás un montón de cosas menos para limpiar y ordenar.    

PROYECTO 333

¿Es posible para una mujer utilizar 33 prendas de vestir, y solo 33 piezas de estas, durante 3 meses? Sí es posible y, lo que es mejor aún, Youtube está lleno de videos de mujeres que cuentan cómo lo lograron y cómo no colapsaron en el intento. El proyecto 333 consiste precisamente en escoger exclusivamente 33 piezas para 3 meses. Las 33 piezas deberán incluir la diversidad de prendas que se te ocurran (menos la ropa interior), zapatos, joyería y accesorios. Si con las 33 piezas logras no repetirte (o, al menos, logras que otros no noten tu hazaña) habrás logrado un lugar en el Olimpo femenino. Desde luego que el desafío también es para hombres, pero como ya lo habrán notado, para nosotros no es tan complicado el asunto. Al parecer, puedo vivir una vida con mucho menos.

LO QUE VERDARAMENTE IMPORTA

Hay otras personas que han decidido vivir sus vidas con apenas 100 cosas, otros más radicales logran reducir el número a 50. Pero nada es una regla. Esto tiene que ver más con tus razones y con tus objetivos que con andar por la vida como un penitente deshaciéndose de cosas. Cuando sabemos por qué lo hacemos, el acto de reducir el número de lo que nos pertenece se vuelve una acción liberadora y nos sentimos motivados a seguir haciéndolo con el fin de permanecer enfocados en lo que verdaderamente nos importa. Si el asunto va de obedecer sin más, porque el minimalismo está de moda o por cosas así, entonces reducir se siente como una condena y terminamos sintiéndonos más atrapados de cuando empezamos.

Yo escogí vivir mi vida de forma minimalista porque tener menos cosas es tener menos de qué preocuparme. Tener menos cosas es tener menos que ordenar y menos que limpiar. Tener menos cosas me permite darle a cada cosa que tengo su respectivo lugar. Tener menos cosas es tener más tiempo y más energía para concentrarme en mis objetivos. Como tengo menos cosas, me ocupo de que las que tengo se conserven en el mejor estado posible, para que me duren más. Tener menos cosas es tener más espacio, más flexibilidad y más fluidez a la hora de moverme hacia lo que quiero alcanzar. Tener menos cosas es tener menos peso.

La gente es poco consiente de que, en un sentido amplio, todo tiene un costo. Un costo que trasciende el tema del dinero. Un objeto cualquiera cuesta no solo su valor, sino el tiempo que le dedicas limpiándolo, el tiempo que le dedicas ordenándolo, el tiempo que le dedicas reparándolo si se estropea, el tiempo que le dedicas observando si se ve mejor aquí o allá. Y qué decir de la energía que nos consume. La energía que perdemos en las cosas es energía que no invertimos en otras áreas de nuestra vida, que son más importantes. Entonces ¿debo deshacerme de aquello? Es cuestión de formularse una mejor pregunta para que ella misma se responda sola. En este sentido, la pregunta debiera ser: ¿El costo de tener esto, es mayor al provecho que obtengo de él? Si lo vemos de esta forma, podremos notar que hay cosas que nos están costando bastante caro, en relación al bien que nos hacen.

Es normal sentir temor ante ciertas hipótesis del tipo de “¿y si se me presenta una ocasión en la que necesite vestir elegantemente?”, “¿y si hace frío?”, “¿y si se me antoja leer uno de los libros que no he logrado conseguir en PDF?”, pero para cada situación habrá una solución. Así que despreocúpate, porque avanzar muchas veces no se trata de lo que te falta sino de lo que te sobra. Bien lo escribió alguien por ahí en la web: “Una mochila sin lo suficiente es un problema tanto como una mochila con cosas de más”, y esto es tanto metafórico como literal.

Que tu vida consista más en objetivos por alcanzar que en cosas por tener. Dale más valor a tus experiencias que a tus pertenencias. Interésate en los sujetos, y no tanto en los objetos. Lo superficial no es indispensable, aprende a vivir de lo esencial. Comienza un día a la vez, y si se complica, simplifícalo.

Dios nos ayuda.

Shalom.

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